Durante la Semana Santa del 2009, Jesús me regaló vivir la Pascua con mis hermanos y hermanas de la Sierra Huasteca, México. Hicimos unas 22 horas de camino, hasta llegar a un rinconcito de la Sierra, habitado por diversas comunidades Nahuat. Ibamos con toda la ilusión del mundo, pero con muy poca práctica del dialecto, de suerte que allí nos esperaba un grupo de catequistas, nuestros traductores. Nosotras predicábamos y después ellos; así todos nos pudimos entender, y más que eso, nos llegamos a sentir una verdadera familia.
!Cuántas lecciones aprendidas! su acogida, su alegría, su gratitud... cada día nos compartían desde sus frijoles, hasta sus elotes recién cosechados. Y al despedirnos, nos fuimos con el corazón lleno de rostros, de necesidades, de lágrimas y de promesas.
Ya lo decía Jesús: "De los pobres es el Reino de los cielos" y por eso, enriquecen a muchos. Espero un día, volver a la Sierra, volverlos a ver!